—¿Qué queréis que haga exactamente? —preguntó Dajana, forzándose a sonar calmada.
Timothy se acercó mucho a ella. Dajana se echó instintivamente hacia atrás. El hombre soltó un lento suspiro, como si no tuviera del todo claro qué decir a continuación.
—Vamos, dilo —lo apremió Dajana.
Timothy cruzó los brazos. Noud habría jurado que el pelirrojo regordete lo estaba disfrutando demasiado. Un escalofrío le recorrió la espalda. Estuvo a punto de soltarle que dejara de jugar con sus nervios. Pero Dajana no podía saber que él y Bernard estaban igual de perdidos sobre el siguiente paso que ella.
—Tienes que llegar a un acuerdo con Viktoria —dijo por fin Timothy.
—¿Cómo? —saltó Dajana.
—Me has oído. Tienes que conseguir que Viktoria se conforme con algo mucho menor. Naturalmente, ni ella ni Ted pueden enterarse de lo que estamos planeando.
—¿Y qué se supone que estáis planeando?
—Eso no es asunto tuyo. A ti solo te incumbe que tienes tres semanas para convertirte en la nueva mejor amiga de Viktoria… y llegar a un acuerdo por una suma que luego os repartiréis.
—Perdona, pero eso es una gilipollez —replicó Dajana—. Ella va a por la fortuna entera de Ted. ¿Por qué iba a renunciar? ¿Y por qué iba a repartirla conmigo si puede quedarse con todo?
Los ojos de Dajana se entrecerraron.
—Además, ya ha conseguido algo de Ted… si no, hace tiempo que la habría denunciado por lo que le hizo.
—Entonces la que va a acabar en la cárcel eres tú —gruñó Bernard.
Timothy se volvió hacia él con una mirada sombría, pero no dijo nada. Dajana no podía saber qué estaba pasando realmente entre los tres hombres. Tenía que creer que habían cerrado filas contra ella.
—Sigue, Timothy —dijo Noud desde el rincón oscuro de la habitación, como si él llevara el control.
Lamentó no poder ver la cara del hombre regordete. Habría apostado a que el pelirrojo estaba a punto de estallar de rabia por la interrupción de Bernard. Timothy quería para sí el papel de jefe temible.
—Sé creativa, Dajana… y de paso piensa en tu familia. Blanquear dinero es un reto mucho mayor que lidiar con una mujer sedienta de venganza… al menos en mi opinión. Durante diez años ayudaste a un delincuente con nervios de acero, y conseguiste mantenerlo completamente en secreto ante tu familia. Tu marido cree que habéis vivido al día, mientras tú acumulabas una buena fortuna. Con todo eso, podrías permitirte ser generosa con Viktoria…
—¡Pero yo he trabajado por ese dinero! —exclamó Dajana, con la voz quebrada.
Los tres hombres se movieron hacia ella al mismo tiempo.
—Silencio —siseó Timothy.
Dajana apoyó los codos en las rodillas y se enterró la cara entre las manos. Timothy empezó a pasearse de un lado a otro bajo la luz de la luna. Durante varios minutos, la sala quedó en silencio. Solo se oía el suave roce de los pies descalzos de Timothy.
Entonces volvió a detenerse frente a Dajana.
—Me importa una mierda. Esto —señaló alrededor, hacia Bernard y Noud— no es una obra de caridad. Nosotros cazamos delincuentes… y los mandamos entre rejas. Gente como tú.
Se inclinó hacia delante hasta quedar cara a cara con Dajana, encogida sobre el taburete de cocina.
—La cuestión es que ahora necesitamos a Ted. Así que, si colaboras, te vas. Lo que haya hecho Viktoria no es asunto nuestro. Si Ted la denuncia, es problema suyo. A nosotros solo nos importa que deje de estorbar, que se quede con algo, compre un piso para sus hijos… y desaparezca del mapa —hizo una breve pausa—. Tú te encargarás de que ocurra. Con dinero de por medio o no… eso ya no es cosa nuestra.