El salón – Parte 1
—Mia, en serio, no me puedo creer que otra vez hayas dejado solo una hora entre esas dos señoras —dijo Nico al entrar en el salón sin ni siquiera saludar. Sus cejas espesas —mucho más oscuras que su pelo— se fruncían con fastidio.
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—Mia, en serio, no me puedo creer que otra vez hayas dejado solo una hora entre esas dos señoras —dijo Nico al entrar en el salón sin ni siquiera saludar. Sus cejas espesas —mucho más oscuras que su pelo— se fruncían con fastidio.
El lunes, unos minutos antes de las diez, ya estaba esperando a Adam, temblando de emoción. Había dejado el pelo ligeramente húmedo a propósito, con la esperanza de que los mechones mojados le hicieran imaginarme saliendo de la ducha.
El martes todos llegaron puntuales a la piscina. Me sorprendió, aunque no lo mostré. No quería que pensaran que me estaban haciendo un favor.
La reacción de Adele al sofá fue exactamente la que esperaba.
—¿Lila claro? ¿Te has vuelto loca? —se quedó mirando mi nuevo mueble con incredulidad—. ¿En qué estabas pensando cuando elegiste ese color? ¿Que vas a ganar tanto dinero que podrás cambiarlo todos los meses?
El lunes por la mañana fui andando a la oficina. El frío me mordía la cara y se me colaba por las muñecas hasta la nuca. Revolví en el bolso por si al final había metido los guantes, pero, como me temía, ni rastro.
La primera entrada desde mi ridículamente cómodo sillón de terciopelo. Aunque, pensándolo bien, si de verdad voy a estar enterrada en trabajo durante los próximos seis meses, puede que esta sea la última durante una buena temporada.
La mano de la psicóloga ya estaba suspendida sobre el teclado cuando habló.
—¿Cómo te ha ido estos últimos meses? —preguntó.
El chico se encogió de hombros lentamente.
—¡Chicas, a vuestros sitios! —llamó el padre—. Llegarán en cualquier momento.
Las dos hermanas, de dieciocho y dieciséis años, bajaron corriendo las escaleras, una detrás de la otra, hacia el amplio y luminoso salón.
A veces dan ganas de rendirse sin más.
No en silencio. No largándote sin hacer ruido. No.
Hace unos años entré en un elegante restaurante junto al lago. Quería regalarle a mi amiga un vale de ese sitio y pensé que lo probaría antes. Sola.