—Si queréis, podéis ir hacia la piscina; hay de sobra para comer.
Solo entonces Bernard se fijó en las mesas redondas colocadas en el patio y en la mesa donde habían dispuesto la comida, cubierta con largos manteles blancos. Cuatro camareros colocaban los platos y las bandejas.
—¿Cuándo montaste todo esto? —le preguntó a Noud, asombrado, cuando por fin pudo acercarse.
Noud se irguió. Algo de color había vuelto a su rostro, aunque seguía viéndose un poco pálido.
—¿Ves? También sé guardar secretos —dijo—. Y sé apañármelas solo.
Bernard asintió, impresionado.
—Sé que se te da bien. Es solo que… —vaciló un instante—. A Timothy no lo entiendo —susurró.
—No tenía elección. De hecho, por eso no quedó otra que montar la fiesta. Lo siento. Sabes que por mí no se me habría ocurrido.
—Sí, me lo imaginaba. Y en cuanto lo vi, supe que algo no iba bien. ¿Es tan grave? —preguntó Bernard, con la voz tensa.
—Todo este lío forma parte de un trato —dijo Noud, moviendo ligeramente la cabeza—. Tenía que saber qué estabas haciendo… o mejor dicho —añadió con voz ronca—, en qué me estabas metiendo.
—¿Lo sabe todo?
Los ojos de Noud parpadearon.
—Él sí. Todo.
Bernard tragó saliva, intentando contener el nudo que no dejaba de formarse en su garganta.
—¿Qué quieres decir?
—Te lo dirá él.
—Noud, no…
La conversación se cortó cuando Viktoria se metió entre los dos. Pasó los brazos por el cuello de ambos hombres, como si siempre hubieran sido íntimos.
—Bueno, guapos —ronroneó—, ¿cuándo vais a presentarme a vuestro amigo?
—¿A qué amigo? —replicó Noud sin pensarlo.
Viktoria se inclinó tanto hacia él que sus labios rozaron su oreja.
—Al pelirrojo —murmuró—. Ya sabes, el que acaba de volver a meter el móvil de Dajana en su bolso.
A Noud se le aflojaron las piernas. Los dedos de Viktoria se clavaron en su hombro.
—Ni se te ocurra desmayarte, Noud.
Su voz le atravesó la mente como una cuchilla.
—Ya sabes —continuó—, más vale que eso pase cuanto antes. Porque si intenta montar alguna mierda alrededor de Ted, te juro por Dios que le corto el cuello. Pregúntale a Bernard si cree que soy capaz de hacerlo…