El salón – Parte 8
Gael abrió la puerta de par en par para Dolores con toda amabilidad. La anciana sonrió y asintió cortésmente.
El salón cuenta la historia de un pequeño salón de belleza donde cada cliente trae un mundo nuevo. Relatos románticos y sensuales de Sonja Blonde.
Gael abrió la puerta de par en par para Dolores con toda amabilidad. La anciana sonrió y asintió cortésmente.
Mia carraspeó un par de veces con la cara deformada por el asco y cerró la puerta del salón con más fuerza de la necesaria. Se contuvo para no dar un portazo, pero fue incapaz de disimular su irritación.
Nico tamborileaba con nerviosismo sobre el mostrador de recepción. Tenía el pecho y los hombros agarrotados. Aquello nunca significaba nada bueno. Desde niño reconocía esa sensación: se acercaban problemas.
Rosita entró en el salón con las mejillas encendidas y una sonrisa llena de ilusión. Sus ojos brillantes recorrieron el local con ansiedad.
Niko estuvo a punto de dejar caer el bol de mezcla cuando salió del cuartito del fondo y vio a la joven de cabello naranja tostado con un vestido ligero de flores.
Lara miró el reloj de marco en tono rosa dorado de la pared, frunciendo ligeramente el ceño.
—¿No venía alguien a las nueve? ¿O me estoy liando?
Cuando Dolores aún bajaba por la escalera, Lara ya había dejado preparada una taza de café y una caja de galletas en la mesita de fuera del salón.
—¿Café con galletas de jengibre? —resopló Dolores al acercarse—. Mia le ha vuelto a llenar la agenda a Nico, ¿no?
—Mia, en serio, no me puedo creer que otra vez hayas dejado solo una hora entre esas dos señoras —dijo Nico al entrar en el salón sin ni siquiera saludar. Sus cejas espesas —mucho más oscuras que su pelo— se fruncían con fastidio.