El diario de Emily – Entrada 20
Hacía una semana entera que no sabía nada de Ryan. No vino, no llamó, ni siquiera escribió. No lo entiendo. La semana pasada se quedó varias horas incluso en domingo. Me sentí tan cerca de él. Y ahora, así, se esfuma.
El diario de Emily – historia romántica sobre la vida de una joven. Relatos cortos, emocionales y sensuales de Sonja Blonde.
Hacía una semana entera que no sabía nada de Ryan. No vino, no llamó, ni siquiera escribió. No lo entiendo. La semana pasada se quedó varias horas incluso en domingo. Me sentí tan cerca de él. Y ahora, así, se esfuma.
Ben me llamó el lunes por la mañana. Tampoco es que fuera para agradecerle nada. Según él, yo había quedado en devolver el catálogo terminado el 29 de mayo, pero juraría que recordaba el 9 de junio.
Mi semana empezó con un pequeño «ups». Ya sabes, de esos que te hacen querer prender fuego al portátil.
Ben es un manipulador de primera. No me atreví a poner nada por delante de su trabajo. Cada día empezaba con sus materiales y solo después me ponía con las traducciones de telecomunicaciones. Además, cada semana parecía llegar más trabajo.
Solo pensar en tener que conocer al vendedor de yates me revolvía el estómago. Estaba más nerviosa que antes de aquellos exámenes orales brutales de la universidad.
Esperé hasta medianoche del domingo a que Ryan llamara o, al menos, enviara un mensaje, y me costó una barbaridad no mandarle aunque fuera un simple buenas noches. Estoy orgullosa de haber aguantado.
Nunca pensé que llamar a alguien pudiera ser tan difícil. Sobre todo a alguien con quien de verdad, de verdad quieres hablar. Marcar el número fue fácil. Pero después me quedé completamente bloqueada.
Thessa me llamó el martes por la mañana para preguntarme qué tal estaba. Su voz empalagosa me recorrió la espalda con un escalofrío. Conozco a Thessa.
Por supuesto, no seguí el consejo de Adele ni fui a la oficina. No confesé nada ni pedí ayuda.
El lunes, Thessa me metió un buen puñetazo en el estómago con un correo de lo más alegre. Me recordó que el catálogo multilingüe que solemos preparar para uno de nuestros clientes de toda la vida ya tendría que estar camino de imprenta.