El diario de Emily – historia romántica sobre la vida de una joven. Relatos cortos, emocionales y sensuales de Sonja Blonde.
El maratón de trabajo de la semana pasada, las ganas de demostrar lo que valgo y la falta de sueño pasaron factura: se me inflamaron los dos ojos. Me bastó con echarme un vistazo al espejo. Le prometí a la pobre desgraciada que tenía delante que la dejaría en paz, que ni la miraría.
Me acosté el domingo con un mal presentimiento. Había trabajado hasta las tres de la madrugada, y en cuanto pulsé enviar, se me encogió el pecho.
Nunca había tenido un sueño recurrente. Y mucho menos del tipo que te hace despertar empapada en sudor y temblando. Conocía a alguien a quien, durante semanas, lo perseguían en sueños un conejo con sonrisa maligna y una jirafa.
Me di cuenta de que nunca había estado con un hombre de verdad. De esos que son hombres de la cabeza a los pies, las veinticuatro horas del día.
Algo había cambiado en mí. Ni siquiera sé cómo ponerlo en palabras exactamente. Era como si se hubiera abierto una puerta hacia un mundo completamente distinto, nuevo, emocionante.
Llamé a Ryan. Me encerré en el baño, respiré hondo y toqué su nombre en la pantalla. Se le notaba la sorpresa en la voz.
Hacía una semana entera que no sabía nada de Ryan. No vino, no llamó, ni siquiera escribió. No lo entiendo. La semana pasada se quedó varias horas incluso en domingo. Me sentí tan cerca de él. Y ahora, así, se esfuma.
Ben me llamó el lunes por la mañana. Tampoco es que fuera para agradecerle nada. Según él, yo había quedado en devolver el catálogo terminado el 29 de mayo, pero juraría que recordaba el 9 de junio.
Mi semana empezó con un pequeño «ups». Ya sabes, de esos que te hacen querer prender fuego al portátil.
Ben es un manipulador de primera. No me atreví a poner nada por delante de su trabajo. Cada día empezaba con sus materiales y solo después me ponía con las traducciones de telecomunicaciones. Además, cada semana parecía llegar más trabajo.