Bienvenido al blog de historias románticas de Sonja Blonde, donde puedes leer historias cortas, emocionales y sensuales. Perfecto para unos minutos de desconexión con pasión y sentimientos.
Kabeer, Pixabay
Desde que comprendí cuánto puedo aprender de otras mujeres, busco de forma consciente la compañía de aquellas que me inspiran. Y cuando tengo la suerte de estar entre ellas, intento aprovechar al máximo cada minuto que pasamos juntas.
A veces siento que nosotras, las mujeres, hablamos un idioma secreto. Uno que no está pensado para mantener la paz, sino para girarlo todo —sin hacer ruido— unas contra otras.
Stephanie Ghesquier, Pixabay
No uno cualquiera. Uno médico. O, más bien, uno de enfermedades.
—¡Salud! —dijo Kitti, levantando la copa con las mejillas encendidas.
Antes de llevar el cristal a los labios, echó un último vistazo a la mesa elegante.
—Tú no necesitas realmente a la gente, ¿verdad? Tu mundo es tan colorido y emocionante que no necesitas a nadie para disfrutar de él.
¿Y de qué tipo? ¿Saladas, con mantequilla? ¿O quizás saladas y con mantequilla?
«Lo que es realmente bueno se vende solo. No hace falta anunciarlo.»
Hacía seis meses que no abría la puerta más interior del gran armario. Simplemente no me atrevía ni siquiera a tocar el tirador de hierro forjado.
Todavía recuerdo el momento en que oí por primera vez esa palabra aplicada a mí. Ni siquiera fue un diagnóstico, más bien un comentario al pasar.
La visión de los cosméticos perfectamente alineados en la estantería siempre tranquilizaba a Peter. Como si la persona que había colocado aquellos tarros de crema hubiera medido las distancias con una regla: tan impecables que resultaban un deleite para la vista y un bálsamo para la mente.