Bienvenido al blog de historias románticas de Sonja Blonde, donde puedes leer historias cortas, emocionales y sensuales. Perfecto para unos minutos de desconexión con pasión y sentimientos.
Jan Vašek, Pixabay
Julia quitó nerviosa su blusa favorita del tendedero que estaba entre las dos ventanas. No quería perder el autobús al aeropuerto, pero no podía dejar en casa la única prenda que la hacía sentirse como una diosa. Las pinzas se le cayeron de las manos por el apuro, pero ya no tuvo tiempo de fijarse dónde había ido a parar el trozo de plástico después de caer doce pisos.
mhouge, Pixabay
Ya se había arrepentido de haberse puesto un pantalón de fibra sintética. Es cierto que en aquellos pantalones se veía más guapa, pero, aun así. No le gustaba la fibra sintética, aunque era casi inevitable, sobre todo con su figura. Por supuesto, podría haberse comprado un vestido de lino ligero por una fortuna y parecer una vaca elegante con él.
StockSnap, Pixabay
Anna caminaba cansada hacia el edificio de oficinas. Toda su rutina matutina había sido alterada. Estaba enfadada y tenía ganas de ponerse a llorar. No le fue posible tomar su matutino café con leche caliente, añoraba el pasearse en bragas entre la cocina, el cuarto de baño y el dormitorio, con la taza en la mano. Ni siquiera pudo desayunar, porque incluso eso le pareció embarazoso.
donterase, Pixabay
Ivett estaba tiritando en la parada del autobús. Odiaba el invierno. Odiaba incluso tener que odiarlo. De niña le encantaba. En aquel entonces, no veía la hora de que el frío le pusiera las mejillas rojas por estar toda la tarde jugando con el trineo y las bolas de nieve. Pero desde que no podía permitirse comprar un abrigo de invierno decente era incapaz de disfrutar de aquella estación de año.
Pexels, Pixabay
Bella metió furiosa su teléfono en el bolso. Eva acababa de cancelar la cita para tomar café la mañana siguiente, así que ahora se quedaría a solas con Kristi. No obstante, a ella le costaba soportarla. En presencia de Bella, Kristi siempre sentía unas ganas irresistibles de hablar de dinero sin parar.
günter, Pixabay
Balint sabía que tenía que hacerlo. Se lo debía a su mujer, aunque lo hiciera a regañadientes. Cada parte de él se oponía a la terapia de pareja, pero quería cooperar. En algún lugar del fondo de su alma sabía que tenían muchas cosas que decirse, pero por su parte él nunca hubiera iniciado las sesiones.